Encarnación del Leviatán

Este estudio constata que en la organización de la Iglesia Adventista del 7º Día no ocurrió la encarnación del Evangelio, pero la encarnación del Leviatán, la forma monstruosa del poder político. Se organizó como un estado moderno, lo que la Iglesia no es.
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miércoles, 26 de enero de 2011

4. EXÁMEN DE LA FUNCIÓN ADMINISTRATIVA

Max Weber

Aquí comienza la tarea de demostrar que la forma de gobierno de la I.A.S.D. es un tipo original de burocracia representativa. El análisis comienza por la burocracia, porque es la faz oculta del leviatán adventista, y se concentra en la función administrativa porque es el aspecto en el cual la estructura burocrática se vuelve evidente. En primer lugar y como preparación para el análisis, tengo que explicar el procedimiento ahora adoptado y definir los principales términos usados.


Procedimientos y Definiciones 

Aquí el análisis de la burocracia sigue los postulados de Max Weber tal como son presentados en el libro Ensaios de Sociologia (Rio de Janeiro, Zahar, 1979 — los números de las páginas que aparecen, de aquí en adelante, después del nombre Max Weber y entre paréntesis, se refieren a esa edición). La definición weberiana de burocracia aún no fue superada. Definiciones posteriores apenas la complementan, acrecentando tendencias actuales. Especialistas de nuestro tiempo han usado esa definición como base para estudios de estructuras burocráticas.

El término “burocracia” es de origen reciente. La palabra “bureau” fue usada inicialmente para designar el paño que cubría las mesas de trabajo de los funcionarios franceses durante el siglo XVIII. Después le fue acrecentado un sufijo que significa “norma de gobierno” (como en los casos de “aristocracia” y “democracia”), probablemente durante las luchas contra el absolutismo que precedieron a la Revolución Francesa. Durante el siglo XIX, fue usada en sentido peyorativo en diversos países europeos por los críticos liberales con la finalidad de desacreditar los procedimientos de los funcionarios de los gobiernos autocráticos.

Burocracia tiene hoy dos sentidos: el peyorativo y el técnico. El uso peyorativo es popular y expresa críticas contra las organizaciones complejas, los procedimientos de rutina en los cuales están implicados formularios y otros papeles, las normas rígidas, la lentitud e incompetencia de los funcionarios, la duplicación del esfuerzo, la acumulación de cargos, la concentración del control en las manos de unos pocos, la disipación de recursos y otros más.

Pero ese uso peyorativo popular no debe ser confundido con “burocracia” tal como es usada por los sociólogos en un sentido técnico para expresar aspectos modernos específicos de la administración. Aquí empleamos ese término exclusivamente en el sentido técnico y conforme fue definido por Max Weber.

La definición de burocracia de Max Weber es el resultado de un análisis histórico comparativo. Él percibió la tendencia general de las grandes organizaciones modernas —en el Estado, en las empresas privadas, en las organizaciones eclesiásticas y partidarias— para la burocratización. Aún odiando la burocracia, porque la consideraba un estorbo para el liberal, él no puede dejar de reconocer el control burocrático es inevitable en las grandes organizaciones modernas.

Es importante percibir que esa definición se refiere a un tipo ideal de burocracia. Para llegar a ese tipo ideal, Max Weber simplificó y exageró la realidad empírica a fin de constituir un modelo y favorecer la claridad de los conceptos. Por lo tanto, ninguna administración moderna es burocrática en el sentido estricto y completo de la definición. Cada caso concreto puede carecer de uno o varios de los elementos característicos, o puede poseerlos en grado diferente. No es raro encontrar casos mixtos, en los cuales la burocracia está asociada a otras formas de administración. Este es el caso de la forma de gobierno de la I.A.S.D.: la burocracia está asociada a la representación política.

Nuestro análisis es orientado no sólo en el sentido de encontrar coincidencias de la burocracia de la I.A.S.D. con el tipo ideal de burocracia presentado por Max Weber, sino también en el sentido de establecer la originalidad de la burocracia adventista. Es preciso tener presente que la naturaleza de la I.A.S.D. impone ciertos límites a su aproximación con los modelos burocráticos dominantes en la sociedad, debido al hecho de que una cierta distancia separa la sociedad civil de la religiosa.

Como lo indica el título de este capítulo, el análisis fue limitado a la función administrativa. Esta se refiere al proceso decisorio y a la influencia ejercida por las autoridades eclesiásticas sobre los demás participantes de ese proceso. El procedimiento consiste en mencionar los principales postulados de Max Weber, y presentar ejemplos concretos que comprueban que tales postulados fueron adoptados en la forma de gobierno de la I.A.S.D..


Áreas de Jurisdicción

La primera característica de la burocracia en el modelo weberiano instituye una relación entre autoridades legalmente establecidas y sus funcionarios subalternos, de acuerdo con ciertos derechos y deberes reglamentados en forma escrita. Tal relación tiene como base el establecimiento de áreas de jurisdicción para las autoridades y sus funcionarios subalternos. Pasemos la palabra a Max Weber:

"Rige el principio de áreas de jurisdicción fijas y oficiales, ordenadas de acuerdo con reglamentos, o sea, por leyes o normas administrativas.

1. Las actividades regulares necesarias a los objetivos de la estructura gobernada de modo burocrático son distribuidas de forma fija como deberes oficiales.
2. La autoridad de dar órdenes necesarias a la ejecución de esos deberes oficiales se distribuye de forma estable, siendo rigurosamente delimitada por las normas relacionadas con los medios de coerción, físicos, sacerdotales u otros, que puedan ser colocados a disposición de los funcionarios o autoridades.
3. Se toman medidas metódicas para la realización regular y continua de esos deberes y para la ejecución de los derechos correspondientes; solamente las personas que tienen calificaciones previstas por un reglamento general son empleadas."
Cualquier persona que conozca la estructura de la I.A.S.D. percibe luego que ella está plenamente de acuerdo con esta característica.

La estructura de administración de la I.A.S.D. tiene cinco áreas de jurisdicción ordenadas de acuerdo con reglamentos:


  1. La iglesia local, con jurisdicción sobre una comunidad específica. 
  2. La Asociación, con jurisdicción sobre iglesias locales de un territorio específico. 
  3. La Unión, con jurisdicción sobre un grupo de Asociaciones de un territorio específico. 
  4. La División, con jurisdicción sobre un grupo de Uniones de un territorio específico. 
  5. La Asociación General, con jurisdicción mundial.

Presidente y vicepresidentes de la Asociación General
Mapa de las Divisiones


Mapa de las Uniones que forman la División Sudamericana

Cada jurisdicción es también un nivel jerárquico. Siendo la Asociación General el nivel superior. Sin esa estructura el leviatán adventista no conseguiría estar presente en todas partes para ejercer su poder soberano.

La I.A.S.D. tiene manuales, estatutos y libros de prácticas que reglamentan de forma fija y estable las calificaciones, los medios de coerción, los derechos y deberes de las autoridades eclesiásticas y de sus funcionarios subalternos en cada jurisdicción.

Una característica original de la burocracia adventista es que los mismos objetivos, deberes, procedimientos y cuadros de autoridades y funcionarios se repiten en esos cinco niveles de jurisdicción. En cada uno de esos niveles la función administrativa se realiza mediante tres grupos: 1) los funcionarios — inclusive las autoridades eclesiásticas; 2) la comisión ejecutiva; y 3) la asamblea — grupo de votantes.

Eso significa quintuplicar el esfuerzo, lo que vuelve onerosa, pesada y lenta la máquina administrativa. Porque creen que esa gigantesca relojería es resultado de “luz especial” concedida por Dios a los pioneros, la elite dominante adventista insiste en mantenerla. En verdad, ella agrada a muchos por el hecho de hacer posible la distribución de una cantidad exagerada de cargos.

Para Max Weber, ítem 1 al 3, transcritos anteriormente, constituyen la “autoridad burocrática”, que define —como generalmente lo hacen los sociólogos— como “poder legitimado” (págs. 229-230). Él afirma que es característica de las burocracias tratar de ejercer el poder de forma legitimada. Para entender el concepto de poder legitimado, es preciso comenzar por lo que Max Weber entiende por poder: “La posibilidad de que un hombre, o un grupo de hombres, realice su voluntad propia en una acción comunitaria hasta aun contra la resistencia de otros que participan de la acción” (pág. 211).

Según David Berry, en esa definición “la posesión del poder implica no apenas la capacidad del individuo de controlar sus propias actividades, sino también de controlar las actividades de otros. Poder en ese sentido es poder de algunas personas sobre otras”. Y más adelante él aclara: “El poder se convierte en autoridad cuando su ejercicio es considerado legítimo, cierto y apropiado por los que son sometidos a él” (Idéias Centrais em Sociologia, Rio de Janeiro, Zahar, 1976, pág. 137 y 143).

Es importante tener en cuenta que el concepto weberiano de autoridad burocrática incluye la apropiación centralizada de todos los instrumentos de administración, especialmente de los recursos financieros y de los medios de coerción. Es exactamente eso lo que acontece en la administración centralizada de la I.A.S.D..

Max Weber no ve el poder burocrático como una especie de factor externo, físico o material que determina las relaciones sociales. No es entendido como fuerza física, y sí como relación social. El tipo de autoridad característico de la burocracia es el de autoridad legal-racional, en el cual el poder es considerado legítimo porque está de acuerdo con reglas o normas escritas. O sea, el poder burocrático de las autoridades de la I.A.S.D. no es una especie de factor externo, como el poder dado por Dios o por Jesucristo para la salvación, sino el poder que ellas se arrogan en las reglas o normas que ellas mismas elaboran. Esta es su verdadera base de legitimidad. Tampoco es una autoridad vuelta para la salvación del ser humano. Es, por principio, una autoridad vuelta para la dominación. Según Max Weber, la burocracia es la “dominación del funcionario” (en los regímenes autoritários es la “dictadura del funcionario”).

Max Weber (The Theory of Social and Economic Organization, Nueva York, Free Press, 1947, pág. 328) distingue tres tipos de autoridad de acuerdo con su base de legitimidad. Se trata de una tipología para fines de clasificación. O sea, son “tipos ideales”, que en la práctica no aparecen como tipos puros, y sí combinados.

Autoridad tradicional. Es característica de las estructuras centralizadas despóticas. El poder se vuelve legítimo porque está de acuerdo con las tradiciones. La primera edición del Manual de la I.A.S.D. (1932) era una compilación de las normas y prácticas tradicionales de las iglesias adventistas de los E.U.A., y que habían sido llevadas a otras partes del mundo por los misioneros adventistas. Tales normas y prácticas siguen el sistema presidencialista y parlamentar de los E.U.A..

Autoridad legal-racional. Característica de la burocracia moderna. El poder es considerado legítimo porque está de acuerdo con reglas o normas escritas. Este es el tipo de autoridad más usado actualmente en la función administrativa de la I.A.S.D..

Autoridad carismática. Constituye la antítesis de las anteriores porque se basa apenas en el carisma personal. Conforme ya vimos, Elena G. de White es la líder carismática de la I.A.S.D., y el Manual de la I.A.S.D. está fundamentado en las ideas y orientaciones dadas por ella en sus escritos.Lo siguiente parece claro: la autoridad legal-racional es ejercida actualmente de acuerdo con normas y prácticas establecidas inicialmente por la autoridad tradicional de los pioneros y por la autoridad carismática de Elena G. de White, al comienzo de la organización de la I.A.S.D.

Elena G. de White, la autoridad carismática

La función administrativa burocrática de la I.A.S.D. puede resumirse así de acuerdo con las normas administrativas: de modo general, regula las relaciones del hombre con lo sobrenatural. De manera más específica, regula la práctica de la religión de acuerdo con su punto de vista; promulga la doctrina que defiende; selecciona, forma y socializa especialistas religiosos y administradores; determina el orden jerárquico entre ellos; establece la base, la extensión y la naturaleza de la autoridad religiosa sobre los miembros y de su poder territorial; controla los períodos administrativos, instituciones, predios, objetos religiosos y todos los bienes adquiridos por la comunidad adventista. Sus estatutos, prácticas y normas determinan que la función administrativa se realice principalmente mediante tres funciones, que son de competencia de los funcionarios (incluye las autoridades religiosas, consideradas en la burocracia como “altos funcionarios”) en cualquier sistema burocrático moderno. Son las siguientes:

Función reglamentaria. Determina los objetivos, las actividades regulares para alcanzarlos, las áreas de jurisdicción, los procedimientos institucionales, crea normas que establecen deberes y derechos.

Función ejecutiva. Consiste en nombrar, supervisar, sancionar, dirigir y transferir subordinados. Elaborar y justificar presupuestos. Realizar o autorizar gastos. Celebrar contratos. Efectuar compras. Representar el área de jurisdicción delante de terceros. Procurar “servidores” que les garanticen lealtad.

Función jurisdiccional. Es la intervención, de manera semejante a la judicial y dentro de las respectivas áreas de jurisdicción, en asuntos de naturaleza pendenciera, tales como insubordinación, deshonestidad, herejía, quiebra de principios éticos y de reglamentos, conflictos entre funcionarios. Para resolver tales asuntos, los funcionarios tienen a disposición medios de coerción.

El proceso decisorio embutido en la función administrativa también es completamente controlado por las autoridades eclesiásticas y sus funcionarios subalternos. Las autoridades eclesiásticas dirigen la asamblea y la comisión ejecutiva, formadas en su mayoría por funcionarios subalternos, principalmente en los niveles superiores de administración.

Todo eso muestra la extensión del poder que el leviatán adventista ejerce a través de los funcionarios de la I.A.S.D..


Sistema de Mando y Subordinación

La segunda característica de la burocracia dada por Max Weber (pág. 230) se refiere a las relaciones de autoridad entre categorías ordenadas sistemáticamente.

"Los principios de jerarquía de los puestos y de los niveles de autoridad significan un sistema firmemente ordenado de mando y subordinación, en el cual hay una supervisión de los puestos inferiores por los superiores."
En la burocracia adventista, la jerarquía de los puestos, esto es, el sistema de mando y subordinación, acontece dentro de cada nivel e entre los niveles de administración. En este último caso, cada nivel está subordinado al inmediatamente superior.


ÁREAS DE JURISDICCIÓN FIJAS Y OFICIALES
ordenadas conforme normas administrativas
Jerarquía
Cargo
Actividad regular y continua
Autoridades
Presidente
Ejerce la autoridad máxima en el área
Secretario
Preparar y archivar documentos administrativos
Ecónomo
Control financiero
Subordinados
Acción Misionera
Coordina la acción proselitista
Asistencia Social
Coordina el servicio de asistencia a los necesitados
Asuntos Cívico-religiosos
Promueve la libertad religiosa y las relaciones entre autoridades civiles y religiosas
Comunicación
Coordina la comunicación interna y externa
Educación
Coordina e orienta el sistema educacional
Escuela Sabática
Coordina el estudio regular y sistemático de la Biblia
Jóvenes
Coordina la actividad de los jóvenes
Ministerial
Coordina y orienta la actividad pastoral
Mayordomía y Desarrollo
Coordina el sistema de recaudación de diezmos, ofrendas y otros donativos
Publicaciones
Coordina el sistema de venta y distribución de publicaciones
Salud
Coordina la difusión de los principios de salud y la asistencia a los enfermos
Temperancia
Coordina los programas y actividades para combatir los vicios nocivos a la salud
Auxiliares
Secretarias, contadores, etc.
Ayudan a las autoridades eclesiásticas y sus subordinados en sus respectivas actividades

                              Los cargos y nomenclaturas eran los que se usaban cuando este trabajo fue escrito.

Max Weber (pág. 230) señala que ese sistema ofrece a los gobernados la posibilidad “de recurrir de una decisión de una autoridad inferior para la autoridad superior, de forma regulada con precisión”. Es eso lo que el Manual de la I.A.S.D. (pág. 46) hace:

"Cuando surgen diferencias en las organizaciones e instituciones, o entre las mismas, es apropiado apelar para la organización que le sigue en superioridad, hasta alcanzar la Asociación General en asamblea o concilio anual de la Comisión Ejecutiva. Mientras tanto, entre esas asambleas, la Comisión Ejecutiva constituirá el cuerpo de autoridad final en todas las cuestiones en que se pueda desarrollar una divergencia de punto de vista, y la decisión de esa Comisión controlará esos puntos controvertidos; esa decisión, sin embargo, podrá ser revisada en una asamblea de la Asociación general o en un concilio anual de la Comisión Ejecutiva."
Max Weber afirma: “Con el pleno desarrollo del tipo burocrático, la jerarquía de los cargos es organizada de modo monocrático”. Es exactamente lo que se comprueba en los puestos de cada nivel de administración de la I.A.S.D.: para cada puesto es designado apenas un individuo.

Continua diciendo Max Weber: “Una vez creado y habiendo realizado su tarea, el cargo tiende a continuar existiendo y a ser ocupado por otra persona”. Este detalle es fácil de ser comprobado, comparando las diversas ediciones del Manual de la I.A.S.D.. Generalmente, cada nueva edición añade cargos nuevos creados por la máquina burocrática y que tienden a perpetuarse en el sistema.

Documentos Escritos y Oficinas 

Oficinas de la Asociación General


Max Weber (pág. 230) presenta así la tercera característica de la burocracia:

"La administración de un cargo moderno se basa en documentos escritos (‘los archivos’), preservados en su forma original o en borrador. Hay, sin embargo, un cuadro de funcionarios y escribientes subalternos de todos los tipos. El cuadro de funcionarios que ocupe activamente un cargo ‘público’, juntamente con sus archivos de documentos y expedientes, constituye una ‘repartición’. En la empresa privada, la ‘repartición’ es frecuentemente llamada de ‘oficina’."
A esa característica, él añade el siguiente comentario:

"En principio, la organización moderna del servicio público separa la repartición del domicilio del funcionario y, en general, la burocracia segrega la actividad oficial como algo distinto de la esfera de la vida privada."

En todas las áreas de jurisdicción de la administración de la I.A.S.D. hay oficinas, las cuales son el centro de la función administrativa. Bajo el comando del Secretario, hay funcionarios y auxiliares cuidando de los archivos de documentos y expedientes. Hay también una separación estricta entre el cargo del funcionario y su residencia en el sentido expresado por Max Weber: el funcionario no posee los mecanismos de la administración; no puede apropiarse del cargo; el cargo es una función exclusiva; hay una separación estricta entre la propiedad privada del funcionario y la propiedad de la I.A.S.D..

Durante largos y diversos procesos, la burocracia superó la interrelación del cargo público con el servicio personal, las relaciones de parentesco y los intereses patrimoniales que existían en sistemas anteriores. El surgimiento del Estado nacional fue decisivo en ese proceso. La separación entre cargo y funcionario significa que los deberes son prerrogativa de la I.A.S.D., y no de individuos o grupo de individuos dedicados a la defensa de sus propios intereses.


Preparación Técnica y Experiencia

Las restantes características de la definición de burocracia de Max Weber (págs. 231-232) son consideradas juntas ahora, porque son más evidentes. Ellas se refieren a los requisitos formales para que una persona pueda ser empleada en la organización burocrática.

Veamos la cuarta característica:

"La administración burocrática, por lo menos toda la administración especializada —que es característicamente moderna— presupone habitualmente un entrenamiento especializado y completo."
Los cursos superiores de las instituciones educacionales adventistas le dan prioridad a la formación de funcionarios. Fuera de éstos, son empleados otros, preparados fuera de esas instituciones. Las actividades de entrenamiento son constantes en la I.A.S.D..

Sigue la quinta característica:

"Cuando el cargo está plenamente desarrollado, la actividad oficial exige la plena capacidad de trabajo del funcionario, a despecho del hecho de tener rigurosamente delimitado el tiempo de permanencia en la repartición u oficina, que le es exigido."
Una organización como la I.A.S.D. no podría dejar de exigir “plena capacidad de trabajo” de sus funcionarios. Ella exige no sólo dedicación exclusiva sino también no permite otra ocupación fuera del horario de trabajo regular.

Por fin, la sexta característica:

"El desempeño del cargo sigue reglas generales, más o menos estables, más o menos exhaustivas, y que pueden ser aprendidas."
Fuera de las reglas contenidas en los manuales, libros de prácticas y estatutos, hay otras preparadas por los diversos “departamentos”. Son realizadas reuniones regulares, en las cuales los funcionarios más experimentados, hacen conocidas esas normas.

La conclusión no puede ser otra sino esta: la función administrativa en la organización adventista se encaja en todas las características de la burocracia presentadas por Max Weber, con algunas particularidades.


Centralización y Descentralización 

Dice Max Weber (pág. 257): “La estructura burocrática va de manos dadas con la concentración de los medios materiales en las manos del señor”. Esta concentración es el control centralizado de la administración mediante la apropiación de recursos financieros exclusivos, del control de la máquina administrativa y de la jurisdicción territorial (ver págs. 238 y siguientes).

En su estudio de la burocracia, Max Weber constató que esta centralización es una característica del desarrollo de las grandes empresas capitalistas, que se inspiraron en la burocratización de la guerra. Las organizaciones militares centralizadas habían demostrado eficiencia en la guerra organizada. Y esto influenció la concentración de los medios de organización en otras esferas. Es de ahí que viene la tendencia de la I.A.S.D. a la centralización, y no de las expresiones paulinas “cabeza” y “cuerpo de Cristo”.

A pesar de Max Weber referirse a la centralización, me parece más adecuado analisar la estructura burocrática de la I.A.S.D. junto con la tendencia opuesta: la descentralización. Ambas son situaciones que se complementan en el campo administrativo, formando dos polos de atracción de la función administrativa. La centralización total impediría a la máquina administrativa de la I.A.S.D. realizar sus funciones en áreas periféricas. Por otro lado, la descentralización total significaría el desaparecimiento de la organización centralizada. Lo más correcto es tratar de situar la posición relativa de la burocracia adventista en el continuo centralización/descentralización, y verificar si ella es “más” o “menos” centralizada.

Para eso, es preciso tener en cuenta dos marcos. El marco geográfico —establecido por la base territorial de la autoridad eclesiástica— requiere que se explicite la relación entre el todo y sus partes integrantes. Y el marco jerárquico requiere que se deje clara la distribución de la autoridad eclesiástica entre los cinco niveles de administración. Siendo que esos marcos no se encuentran separados en la realidad, vamos a abordarlos juntos.

La situación de centralización y descentralización es muy compleja en la estructura burocrática de la I.A.S.D.. Sería demorado y complicado establecerla con precisión en todos los detalles. Por lo tanto, nos contentamos con una visión general.

Los cinco niveles de administración de la I.A.S.D. forman los siguientes pares de relaciones: Asociación General/División, División/Unión, Unión/Asociación y Asociación/Iglesia local. El sistema permite sólo esas relaciones y en ese orden, tanto en el sentido ascendente como en el descendente. Por ejemplo, el par de relación Asociación General/Iglesia local no es posible, porque el sistema no establece una relación entre ambos niveles. La relación entre ellos es indirecta, esto es, a través de los pares de relaciones intermediarias. Tales pares de relaciones constituyen el sistema jerárquico de mando y subordinación, y la forma como es distribuida la autoridad eclesiástica con base territorial.

La jerarquía tiene base territorial. Cada nivel de administración alcanza el territorio del nivel inmediatamente inferior, y controla sus actividades. De este modo, el sistema opone los poderes de funcionarios cuya autoridad oficial se extiende sobre un territorio más vasto, a los poderes de funcionarios cuya autoridad está limitada a territorios menores.

La centralización ocurre en el sentido ascendente de la estructura: cada nivel centraliza una parte fundamental del control administrativo, del poder decisorio, de los recursos financieros y de la jurisdicción territorial con relación al nivel inmediatamente inferior. La descentralización acontece en el sentido descendente. Veamos dos ejemplos de esas tendencias opuestas de un mismo continuo.

El primero, es el par Asociación/Iglesia local. El control centralizado de las comunidades locales por la Asociación es posible porque esta tiene como prerrogativa exclusiva la administración del diezmo, la nominación de pastores y la propiedad de los predios. La descentralización acontece porque la realización de las actividades que buscan alcanzar los objetivos religiosos de la Asociación quedan a cargo de las comunidades locales.

El segundo, es el par Asociación General/División. La Asociación General es la máxima autoridad. Su jurisdicción territorial es global, y debe atender los intereses mundiales. Es el único nivel de administración que puede establecer normas generales para la I.A.S.D.. Pero la centralización pura y simple en la Asociación General en Washington, DC, no conseguiría superar los intereses regionales y que pueden constituir una amenaza a la unidad. Por otro lado, tendría dificultades para adaptar su programa mundial a las particularidades de cada región. A través de la División, la Asociación General centraliza la administración de las Uniones, al mismo tiempo que se descentraliza para adaptarse a las particularidades regionales. La descentralización no debilita la centralización, al contrario, la hace viable.

La organización adventista, así como su modelo, el Leviatán, no sería lo que es sin la burocracia. Los que gobiernan la I.A.S.D. dividen la autoridad en niveles jerárquicos de administración que controlan todo, inclusive las fuerzas responsables por la continuidad del poder.


Justificación de la Burocracia 

¿Cómo la elite dominante de la I.A.S.D. enfrenta la monstruosidad del leviatán que creó, la gigantesca máquina burocrática de dominación? Voy a presentar un ejemplo apenas. Se trata de la interpretación alegórica de la visión de Ezequiel 1-3 y 10, presentada inicialmente por Elena G. de White y aprovechada más recientemente por Walter R. Beach, ex vicepresidente de la Asociación General.

Comparando la relojería del leviatán adventista con el vehículo celestial que transporta el trono de Dios, dice Elena G. de White (Testemunhos para Ministros e Obreiros Evangélicos, 1979, pág. 213):

"Para el profeta, una rueda dentro de otra, la apariencia de criaturas vivas con ellas relacionadas, parecía todo intrincado e inexplicable. Pero la mano de la sabiduría infinita es vista entre las ruedas, y el resultado de su operación es el perfecto orden. Cada rueda trabaja en perfecta armonía con todas las otras."
Esa autora compara las “ruedas dentro de ruedas” con los niveles de administración de la I.A.S.D.. Los párrafos siguientes muestran que ella usa tal comparación para presentar un modelo del mundo divino, aparentemente complicado, que se opone a la administración autocrática: las decisiones deben ser tomadas en “comisiones de consejo” y los dirigentes deberían actuar como “consejeros”, no como “autoridades”. El autoritarismo es innecesario, pues la “mano” de Dios actúa para poner orden en la maquinaria administrativa, haciendo que sus partes operen en armonía unas con las otras. Lo que ella propone es imposible: que el mecanicismo del leviatán adventista no ejerza aquello para lo cual fue creado — el poder de dominación.

Walter R. Beach retoma esa interpretación alegórica de Elena G. de White para justificar la complejidad de la máquina administrativa de la I.A.S.D., y sugerir que Dios la comanda y la hace eficiente. Sus palabras son las siguientes:

"La mensajera del Señor [entiéndase Elena G. de White] sugiere que la visión que el profeta Ezequiel tuvo a las márgenes del río Quebar puede ser un estudio provechoso para ayudarnos a comprender la complejidad y eficiencia de la organización de la Iglesia Adventista del Séptimo Día."

"Ezequiel vio muchas ruedas cruzándose una con las otras. Arriba, sobre estas ruedas, ‘había algo semejante a un trono’ (Eze. 1:26). Ezequiel 10 registra una escena semejante, introduciendo la forma de una mano humana que guía los seres celestes que impelen las ruedas (ver verso 8). Esta mano representa la mano del Omnipotente. El ‘trono’ y la ‘mano’ hicieron con que hubiese perfecta armonía donde había aparente confusión."

"La maquinaria de los eventos humanos y de la organización de la Iglesia requieren muchas facetas y aparentes complicaciones. Los problemas con los cuales los líderes de la Iglesia se deparan no son simples, excepto para los ignorantes y sin experiencia. A despecho de las complicaciones que surgen, la ‘mano’ que guía las ruedas puede ser vista y en ella podemos confiar." (“Rodas Dentro de Rodas”, en Revista Adventista, Septiembre de 1979, págs. 12-13).
Es evidente la conexión que Walter R. Beach establece entre las “ruedas dentro de ruedas” de la visión de Ezequiel con los cinco niveles de administración de la I.A.S.D.. Delante de la complejidad de la organización adventista, su tesis es confiar en la “mano” de Dios que guía las ruedas y es responsable por la armonía que existe en ellas.

Mi tesis es otra: muchos de los problemas con los cuales se deparan los dirigentes adventistas son provocados por la complejidad de la máquina administrativa, la exageración de niveles de administración y el ejercicio del poder burocratizado (la dominación o la dictadura de los funcionarios).

Pero Walter R. Beach presenta justamente lo que hace complicada la máquina administrativa adventista como algo que la hace menos complicada. He aquí sus palabras:

"El sistema de organización adventista del séptimo día se vuelve menos complicado y más comprensible cuando nos concienciamos de que la manera de actuar, el mismo grado de responsabilidad y cuadro de personal se repiten de manera casi exacta en los cinco niveles de la administración de la Iglesia."
A seguir vamos a confrontar esa interpretación alegórica con la de Gerhard von Rad (Teologia do Antigo Testamento, São Paulo, ASTE, 1974, vol. 2, págs. 51-69 y 211-216), y que es el resultado de las más recientes investigaciones sobre el profetismo. En forma resumida, ¿cuál es el propósito de esa visión de Ezequiel?

Es el relato de cómo recibiera la vocación profética a las márgenes del río Quebar. Y de cómo, a partir de ese momento, pasó completamente para el lado de Dios.

En la visión, Ezequiel asiste a una manifestación tumultuosa de la “gloria de Dios”. Dios, rodeado por los seres celestes, lo inviste de una misión solemne, difícil y sin esperanza debido a la obstinación de los receptores del mensaje. En una especie de acto celeste oficial, Ezequiel, como “embajador”, recibe de las manos del “Rey”, sentado en el trono, un rollo en el cual es precisado el contenido de su misión.

Mediante la visión, Dios arma al profeta para enfrentar una oposición que supera sus fuerzas humanas. Hace el aspecto del profeta más duro que piedra.

El profeta, por vocación, huía “de las reglas religiosas que la mayoría tenía aún por válidas (y se sabe lo que esto significa para un hombre del Oriente antiguo) y que por esto se encontraba en la obligación de justificar, a sí mismo y a los otros, su situación nueva y sin precedentes. El profeta presenta un acontecimiento que lo revistió de una misión, de un saber y de una responsabilidad, y que lo despachó solitariamente delante de Dios. Esto obligó el profeta a probar la legitimidad de su posición excepcional ante la multitud”.

Los seres celestes y las ruedas sirven para transportar el trono de Dios a la tierra, en medio de una tempestad, para entregar la vocación profética a Ezequiel.

La revelación hecha al profeta no tenía por objetivo hacerle acceder al conocimiento de las realidades internas del mundo divino. Ella se concentra en el acontecimiento histórico, presente y futuro, perteneciente al círculo limitado de la vida de Israel. Por eso, al describir la “gloria de Dios”, Ezequiel se muestra completamente libre de cualquier preocupación especulativa sobre el mundo celeste. Su prudente descripción del mundo trascendente está repleta de figuras humanas que sirven al propósito divino.

Según el resumen anterior, la interpretación de Walter R. Beach es inverosímil. Creo que ningún exegeta serio daría ese sentido al texto que examinamos, porque las Escrituras, en general, y los profetas, en particular, no se ocupan de las “formas” de gobierno en sí mismas. Tratan sí de la bondad o justicia, o sus opuestos, de las estructuras sociales y políticas que prevalecían en la época.

La preocupación de los autores bíblicos es mostrar que Dios está presente en la História también para juzgar los acontecimientos sociales y políticos y reivindicar su soberanía. Tal juicio no tiene como referencia la “forma” en sí misma de como los pueblos estaban organizados, pero si son justas o no, de acuerdo con el concepto bíblico de justicia. Pero que la visión del profeta Ezequiel sugiere una estructura burocrática moderna de gobierno eclesiástico es inconcebible.

Lo único que se puede admitir, es que dicha visión ofrece una imagen ambientada en la forma monárquica de gobierno — Dios es presentado como un “rey”, sentado en su “trono” y siendo transportado por su “carro real” del mundo celeste. Pero esto no significa que Ezequiel recomiende la monarquía. Los adventistas no admiten la forma monárquica de gobierno eclesiástico.

La interpretación de la visión de Ezequiel como un modelo de organización presenta otras dificultades. No es evidente que el texto establezca primero un momento de “aparente confusión” en el movimiento de los querubines y de las ruedas, y, después, un otro momento de “perfecta armonía” establecida por la intervención de la “mano de Dios”. El texto se refiere únicamente a una acción armoniosa de los seres celestiales y de las ruedas (Eze. 1:12, 19-21). Parece extraño admitir que la “gloria de Dios” irrumpe primero de manera desorganizada e después se organiza. El relato tiene todas las características de una irrupción y no de un acontecimiento que comienza con confusión y termina en organización.

Walter R. Beach afirma que la “mano” de Eze. 10:8 “representa la mano del Omnipotente”, y que ella y el “trono” (de Dios) establecieron armonía donde había aparente confusión. Sin embargo, el texto se refiere a la mano de querubín y no a la mano de Dios. El texto distingue entre “mano de Dios” (Eze. 1:3; 3:14, 22 y otros) y la “mano de los querubines” (Eze. 1:8; 10:7, 8, 12, 21). O sea, Ezequiel es explícito cuando habla de una o de otra “mano”. La confusión entre las “manos” creada por Walter R. Beach se resuelve leyendo juntos los versículos 7 y 8 de Eze. 10: se refiere a la mano de los querubines. Y no dice que ellas eran usadas para poner orden en la confusión de las ruedas. (Tampoco dice que había confusión en las ruedas).

Y lo más importante de todo: los cuatro querubines y las cuatro ruedas son el medio de transporte celestial del trono de Dios. La confusión no estaba en las “ruedas”, pero en la mente del profeta. En un primer momento, él no comprendió lo que eran esas ruedas vivas y los seres celestiales que las comandaban. Sólo más tarde (Eze. 10:13, 20), él percibe que se trataba del “carro” real que transporta el trono de Dios. Así como el rey humano tiene su carro real, Dios tiene el suyo para transportar su trono. La diferencia entre ambos carros es que el de Dios tiene ruedas vivas y es “tirado” no por caballos, sino por querubines y viaja en medio de una “tempestad”.

La pregunta pertinente es: ¿qué relación tiene la imagen de un medio de transporte del mundo celestial con la organización eclesiástica?

¡Ninguna! La Elena G. de White y de Beach son una interpretación forzada, inadecuada e incoherente, la cual es posible valiéndose del método exegético de Orígenes de Alejandría, cuyo principio fundamental es este: el texto dice una cosa, pero su significado es otro. Usando el método alegórico de interpretación podemos hacer con que las Escrituras digan lo que queremos que ellas digan.

La Organización como Objeto de Fe 

Una característica notable de la I.A.S.D. es valorar al extremo su organización y defenderla como un dogma. (El juicio crítico, en ese sentido, es considerado como “rebeldía” o “apostasía”.) Un ejemplo de esto, se encuentra en el artículo 9 del “voto bautismal” (Manual da I.A.S.D., pág. 55), una fórmula doctrinaria breve, mediante la cual son indagados los candidatos al bautismo y los que son recibidos por profesión de fe. Ese artículo pregunta: “¿Cree en la organización da Iglesia...?”

Esa fórmula doctrinaria fue elaborada de acuerdo con la fórmula tradicional de antiguos credos cristianos —por ejemplo el Símbolo Niceno— que comienzan con la palabra “creo” (credo en latín). El artículo 9 corresponde a decir “Creo en la organización de la Iglesia”. La palabra “organización” es mencionada explícitamente. Lo que contrasta con los credos tradicionales que dicen: “Creo en la comunión de los santos”.

Es evidente que la fórmula adventista substituye “comunión” por “organización”. Puede ser considerada una manera indirecta de decir: “Creo en la estructura burocrática e representativa de la Iglesia”. ¡Significa que la organización burocrática y representativa fue colocada como artículo de fe! Este tipo de cosas son insoportables para los teólogos serios.

No vamos a discutir aquí esa cuestión, pero presentar un resumen del comentario de Karl Barth (Bosquejo de Dogmática, págs. 223 a 235) sobre el Símbolo Niceno, el cual sirvió de modelo para la I.A.S.D. elaborar su “voto bautismal”. Dicho comentario no fue superado, y ofrece conceptos que pueden ser el punto de partida para una discusión seria.

Para Barth, la Iglesia es fundamentalmente Gemeide (= comunidad, en el sentido de “congregación” convocada por el llamado del Espíritu Santo, para participar de la Palabra y del Sacramento de Cristo). Es una reunión de seres humanos que pertenecen a Cristo, realizada por el Espíritu Santo. Ocurre en obediencia a un designio superior y no por un acuerdo celebrado entre sus componentes. Es en esto que las comunidades cristianas son diferentes de las comunidades naturales o históricas.

Credo ecclesiam significa “creo en la existencia de la Iglesia”, esto es, que la congregación a la cual pertenezco es una santa Iglesia universal, porque en la Iglesia los individuos y las congregaciones están unidos unos a otros en Jesucristo, por el Espíritu Santo, y no por una organización.

De ese modo, credo ecclesiam no significa la divinización de ninguna criatura, porque no se hace de la Iglesia el objeto de la fe; no se cree en la Iglesia, y sí que en esa congregación se realiza la obra del Espíritu Santo. Dentro de esta línea correcta de pensamiento, no se puede aceptar que la organización de la Iglesia se transforme en objeto de fe, y se diga “Creo en la organización da Iglesia”, que, en el fondo, significa decir “Creo en el leviatán adventista, creado para gobernar a la Iglesia”...


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Comienzo

5. EXÁMEN DEL PROCESO Y DEL COMPORTAMIENTO ADMINISTRATIVOS

Juan Jacobo Rousseau


Comprobado que la función administrativa en la I.A.S.D. tiene las características de una burocracia moderna, ya podemos tratar de la relación entre burocracia y representación política, ahora teniendo como foco el proceso y el comportamiento administrativos. Y, así, completamos nuestro análisis de la forma de gobierno de la I.A.S.D., revelando que se trata de una burocracia representativa.


Si la burocracia es la faz obscura y oculta del leviatán adventista, el sistema representativo es la faz que él muestra para todos, jactándose de dar oportunidad para que “todos” los miembros participen, a través de sus representantes, en la elección de los dirigentes. ¿Cuál es a relación entre esas dos caras del monstruo?


Preliminares

Antes, sin embargo, tenemos que definir lo que se entiende por “representación política”, “proceso administrativo” y “comportamiento administrativo”, pues constituyen ahora los conceptos fundamentales.

Una de las cuestiones más interesantes y decisivas en la organización moderna —especialmente del Estado— es el da representación política. Esta es posible sólo cuando se atribuye la soberanía al pueblo, nación o grupo político. La intervención popular o de los componentes del grupo político en el ejercicio del poder se articula mediante la representación.


Como es imposible la participación directa de todos los componentes individuales en la gestión de los negocios de los Estados y de las grandes corporaciones, surge la necesidad de establecer procedimientos representativos que permitan la intervención en el poder de la mayoría a la cual se atribuye la soberanía. En ese sentido, la representación política cumple su papel a través de estos dos conceptos fundamentales: por un lado, significa la posibilidad de atender la voluntad de la mayoría; por otro lado, constituye el medio de legitimar la autoridad. Y aquí encontramos la discrepancia fundamental del sistema representativo con la naturaleza de la Iglesia: en esta, no se trata de la soberanía de la mayoría, pero de la soberanía de Dios; no se trata da autoridad legítima del ser humano, pero del consentimiento a la soberanía de Dios.


El proceso administrativo consiste en el ejercicio del poder gubernamental no diferenciado (no distingue, como lo hace la I.A.S.D., entre poder ejecutivo, poder legislativo e poder judicial). O sea, es el poder que, al mismo tiempo, elabora normas administrativas, las aplica a casos particulares y ordena o prohíbe actos determinados, entre otros. Esta concentración total de los atributos del poder en manos de un sólo individuo o de un grupo de individuos —el soberano— es una característica del poder absoluto — la forma de poder que ejercen las autoridades eclesiásticas de la I.A.S.D.

La expresión “comportamiento administrativo” se refiere al comportamiento humano limitado al ámbito de una organización, especialmente al comportamiento que implica en la adopción de decisiones y el ejercicio de una influencia calculada sobre terceros.


Orígenes y Conceptos de la Representación Política

El lector ingenuo del Manual de la I.A.S.D. puede tener la impresión que la forma representativa de gobierno eclesiástico tiene su origen en la Biblia, o se fundamenta en um modelo divino, porque la coloca en la perspectiva de una versión teista de la organización. Ya vimos que esa versión es artificial. Un enfoque científico de la cuestión no puede incurrir en ingenuidades de ese tipo, o volverse para el campo subjetivo y basarse en aspectos emotivos.

El sistema representativo —así como o sistema burocrático— tiene origen en este mundo, en el movimiento de los pueblos. Tanto es así, que el origen y el desarrollo de ese sistema puede ser situado con precisión en la Historia. (Sobre los origenes y el desarrollo de la forma representativa de gobierno ver F. P. G. Guizot, Histoire des Origines du Gouvernement Représentatif en Europe, Paris, 1861; Henry Jones Ford, Representative Government, Nueva York, 1924; e H. J. Laski et alii, The Development of the Representative System in Our Times, Lausane, 1928).

No corresponde aquí repetir la historia y el desarrollo de la forma representativa de gobierno. Sin embargo, es útil para nuestro análisis recordar algunos aspectos en ese sentido.

La idea de representación política tiene su punto de partida en el Derecho Privado, y supone el siguiente vínculo entre dos personas: las acciones del “representante” son imputadas como propias del “representado”. En el vínculo representativo, el representado es substituido por el representante, mediante la transferencia de la imputación.

El campo político conoció diferentes tipos de representación. En la antigua Roma imperial, la Lex Regia hacía del Emperador un representante del pueblo romano. Éste confería a aquél su poder y su imperio. En la Edad Media se encuentran diversos ejemplos de representación política, entre los cuales se destacan las asambleas medievales. En estas, los representantes populares representan únicamente la ciudad, villa o condado que los indicó. Las Cortes, el Parlamento y los Estados Generales, en España, Inglaterra y Francia medievales, son representativos de diversos segmentos del reino. La representación era otorgada de manera diversa, según el caso. Podía ser por indicación del rey, hereditaria o electiva.

No obstante, en ninguno de esos lugares y momentos, se desarrolló una teoría y una doctrina de la representación política. Esto ocurre sólo en el siglo XVIII, en la época de la Revolución Francesa. El mandato representativo tiene su origen en la doctrina francesa. Los primeros conceptos dogmáticos de dicha doctrina son expuestos por Emmanuel-Joseph Sieyés (1748-1836) en sus trabajos. En sus conceptos revolucionarios, supone que se representa al pueblo como un todo, y que los representantes deben ser elegidos mediante el sufragio.

No se puede dejar de mencionar a Jean-Jacques Rousseau (1712-1778), cuyos conceptos y teorías políticas inspiraron la Revolución Francesa y las revoluciones en la América española. Especialmente en su El Contrato Social, Rousseau defiende la idea de que los representantes políticos representan la voluntad general.

La idea clásica de representación política tuvo su origen en 1789, en los Estados Generales de Francia. El mandato representativo es concebido como siendo el vínculo establecido entre la totalidad de los representantes, porque ellos representan la soberanía del pueblo en su conjunto. Es fácil percibir que la democracia está implicada en este concepto.

En el siglo XIX, la idea clásica de representación política sufrió algunas alteraciones al ser vinculada con los segmentos de la sociedad. En el sistema de partidos políticos —que defienden los intereses de las clases sociales— surgen personas que entienden representación como un método para designar los integrantes de los organismos del gobierno. Tales integrantes reciben sus poderes de la Constitución y no de los electores. Los sistemas corporativos e institucionales establecen el vínculo representativo entre las instituciones y los representantes, esto es, hay representación de las instituciones y no de la voluntad general. Estos conceptos favorecen más a la burocracia que a la democracia, y son los adoptados por la I.A.S.D.. La Comisión Ejecutiva, por ejemplo, está formada por titulares de los departamentos y de las instituciones, que representan las actividades regulares de la I.A.S.D.. La representación de las iglesias locales es mínima, generalmente por un único representante, que lo substituyen anualmente por otro, mientras los representantes de los departamentos e instituciones permanecen durante todo el período administrativo.

Este breve resumen es suficiente para mostrar que la forma representativa de gobierno da I.A.S.D. es una copia de la representación política, que tuvo su origen en el mundo civil y en él se desarrolló y se universalizó. La representación política también es un hecho universal en el gobierno eclesiástico. En mayor o menor grado, es usada en conjunto con las formas más tradicionales de gobierno eclesiástico — monárquica, episcopal, presbiteriana sinodal e congregacional.


La Versión Teista de la Representación Política

En su versión teísta de la organización, Elena G. de White presenta las directrices y los fundamentos para la representación política en la I.A.S.D.. Las más importantes fueron transcritas en el Manual de la I.A.S.D. para fundamentar ciertos procedimientos administrativos. Sigue un resumen de tales directrices y fundamentos. El orden en que son presentadas es la que yo considero la más adecuada.

Las principales directrices se fundamentan en tres ideas:

1.Jesucristo habita en su pueblo, por medio del Espíritu Santo (Testimonies for the Church, vol. 5, pág. 107; Testemunhos para Ministros e Obreiros Evangélicos, págs. 15-19 e 25).

2.“Dios está dirigiendo un pueblo, no unos pocos individuos dispersos, aquí e allí, uno de los cuales cree una cosa y otro cree otra cosa” (Testimonies for de Church, vol. 1, pág. 207).

3.Dios habla a través de su pueblo (Atos dos Apóstolos, págs. 163-164).

De esas ideas, Elena G. de White deduce tres directrices fundamentales:

1. “La mayoría de la iglesia es un poder que debe dirigir a sus miembros individuales.” (Testimonies for de Church, vol. 5, pág. 107). El razonamiento implicado en esta directriz es el siguiente: si Dios habita en su pueblo, lo dirige y habla por él, la Iglesia debe ser gobernada teniendo como base la voluntad manifestada por la mayoría de sus miembros. Según el Manual de la I.A.S.D. (pág. 45) la autoridad de la Iglesia reposa en sus miembros. Esa directriz no es bíblica. Es, esto sí, un principio de las democracias modernas que atribuyen la soberanía al pueblo o grupo.

2. Cada miembro de la Iglesia participa de la elección de los “oficiales” mediante el sistema representativo (Testemunhos Seletos, vol. 3, págs. 240 e 241). En todos los niveles de administración de la I.A.S.D., las elecciones de las autoridades eclesiásticas y de sus funcionarios subalternos son siempre realizadas por la forma indirecta. La Asamblea de representantes indica la Comisión de Nombramientos. Esta, por su vez, indica los ocupantes de los cargos, cuya aprobación o no depende de la Asamblea. En realidad, es solamente en las comunidades locales que la totalidad de los miembros tiene la oportunidad de constituir la Asamblea. Ellos participan de la Asamblea de la Asociación mediante representantes escogidos por las comunidades locales. En los otros niveles de administración —Unión, División y Asociación General— los representantes son, en su mayoría, autoridades y funcionarios.

3. El consenso de la mayoría de los miembros de la Iglesia, debidamente convocados a través del sistema representativo, debe ser considerado como “la voz de Dios”, esto es, como la máxima autoridad. Elena G. de White expresa esta directriz de diversas maneras. Un ejemplo es este: “El más alto poder abajo del Cielo, lo concedió el Señor a Su Iglesia. Es la voz de Dios en Su pueblo reunido en la calidad de una Iglesia, que debe ser respetada” (Testemunhos Seletos, vol. 1, pág. 395). Pero, ella atribuye ese poder exclusivamente a la Asociación General, porque es el organismo que representa toda la I.A.S.D.. Esta directriz no encuentra paralelo en la Biblia. Sin embargo, corrsponde con el eslogan repetido con frecuencia en las democracias modernas: “La voz del pueblo es la voz de Dios”. Lo que realmente ocurre es que la “voz del pueblo” se transforma en la Asociación General en la voz de las autoridades eclesiásticas y de sus funcionarios subalternos, pues son estos los que componen la Asamblea y la Comisión Ejecutiva de ese nivel de administración.

Esta versión teista contiene ideas fundamentales de la doctrina francesa sobre la representación política. Lo más probable es que los pioneros adventistas no las recibieron directamente de las fuentes francesas, y sí del ambiente cultural de los E.U.A.. En el período de formación de los E.U.A., había una identificación entre los protestantes norteamericanos, descendientes de los “padres peregrinos”, y la doctrina francesa. Esta fue ampliamente difundida en las colonias por los inmigrantes que huían de las persecuciones religiosas en Europa. Sabemos que esa doctrina fue fundamental en la constitución del sistema representativo norteamericano.

El sistema representativo funciona en la I.A.S.D. entre los períodos administrativos, cuando hay elecciones de las autoridades y funcionarios. En la comunidad local y en la Asociación, ellas ocurren de acuerdo con el concepto de representación popular. En los otros niveles de administración, la elección sigue el concepto de representación corporativa. Durante los períodos administrativos, el proceso administrativo se realiza dentro del sistema burocrático como ocurre en el Estado y en las grandes corporaciones.

La burocracia fue adoptada por I.A.S.D. como solución para los nuevos problemas administrativos resultantes del crecimiento constante del número de miembros, de su expansión en el mundo y de la necesidad de elaborar y mantener al día sus estatutos y normas administrativas. Las exigencias legales obligaron la organización adventista a contratar jurisconsultos con formación universitaria. La presencia obligatoria y la participación constante de esos jurisconsultos contribuyó para la introducción de la burocracia en la estructura de la I.A.S.D.. En nuestros días, los jurisconsultos y los administradores ejercen mucho más influencia que los teólogos en las cuestiones técnicas de administración eclesiástica.

Ahora pasamos a analizar como la burocracia entra en competencia con el sistema representativo, y como tiende a corroer y a desagregar dicho sistema dentro de la estructura de la I.A.S.D..

El cotejo entre burocracia y representación política revela que son incompatibles en ciertos aspectos fundamentales. (Vea el cuadro un poco más abajo.) La burocracia limita y hasta impide que se realicen los conceptos básicos de la representación política.

De acuerdo con el sistema representativo, la organización adventista está constituida por una jerarquía de asambleas y comisiones ejecutivas apoyadas en una base: las iglesias locales. Teóricamente, es en esas congregaciones donde se encuentra el origen de todas las delegaciones y mandatos. En la práctica, la presión de la base alcanza hasta la Asociación. Los otros niveles de administración tienen una completa independencia de las iglesias locales.

La burocratización no alteró la estructura original de la I.A.S.D., pero modificó profundamente el proceso y el comportamiento administrativos. En el Manual de la I.A.S.D. hay expresiones que corresponden con el sistema representativo, favorable a una sociedad igualitaria. Afirma que todos los participantes de la I.A.S.D. son “uno en Cristo” (Gál. 3:28), y que “jamás debe existir entre los seguidores de Cristo cualquier predilección por casta, nacionalidad, raza o color” (pág. 24). Y reconoce la “igualdad de ordenación de todo el ministerio” (pág. 45).

Sin embargo, la burocracia requiere una sociedad de clases. Por eso, los adventistas del séptimo día están divididos en cuatro clases: 1) autoridades eclesiásticas — llamadas “administradores”, 2) funcionarios subalternos — llamados “departamentales”, 3) pastores y 4) laicos.

De acuerdo con una directriz original, el sistema representativo de la I.A.S.D. se opone a las formas monocráticas de autoridad. Elena G. de White la expresa así: “Dios no estableció entre los Adventistas del Séptimo Día ninguna autoridad suprema para dirigir toda la corporación, o cualquiera sección de la obra. Él no estipuló que la responsabilidad de la dirección recayera sobre unos pocos hombres. Las responsabilidades son divididas entre gran cantidad de hombres competentes” (Testemunhos Seletos, vol. 3, pág. 240). Este gran grupo de hombres está formado por la jerarquía de asambleas y comisiones ejecutivas de todos los niveles de administración.

Sin embargo, la tendencia monocrática de la burocracia debilita la autoridad de dichos organismos corporativos y fortalece el poder de las autoridades eclesiáticas, principalmente el poder de los presidentes, llevando a un desvío del principio de igualdad de todo el ministerio. Además de presidir los organismos corporativos, los presidentes poseen un poder de iniciativa que no lo tienen los pastores. que cuidan de iglesias o distritos de congregaciones locales. Ciertos aspectos de la función de los presidentes les otorga una autoridad creciente sobre los pastores. Generalmente, ellos tratan de obtener el máximo provecho de la posición jerárquica y del poder burocrático. Y, así, se establece la cadena típica de dominación de la burocracia: el “señor” de un nivel de administración es dominado por el “señor” del nivel inmediatamente superior.

Contradicciones Entre Representación y Burocracia

El cotejo entre representación y burocracia revela que son métodos incompatibles en ciertos aspectos fundamentales. La forma actual de gobierno de la I.A.S.D. consiste en superponer los dos esquemas presentados en el cuadro que sigue. Basta darle una mirada rápida a ese cuadro para evidenciar las contradicciones entre ambos métodos de administración y hasta que punto uno es capaz de limitar o anular al otro.


REPRESENTACIÓN
BUROCRACIA
Iglesia: igualdad de estado de todos los participantes
Iglesia: dividida en administradores y no administradores
Capta la voluntad de la mayoría
Capta la voluntad de los administradores
Sistema de mediación: gobierno eclesiástico presentado por todos
Sistema de mediación: gobierno eclesiástico de acuerdo con la voluntad de los administradores
Organiza la voluntad geral en acciones que representan el interés colectivo
Organiza la voluntad de los administradores para manipular a los no administradores
Sociedad igualitaria
Sociedad de clases
Apelación básica: expresión libre de la voluntad de todos
Apelación básica: igualdad de derechos y oportunidades



Siguen algunos ejemplos concretos sobre el proceso y el comportamiento administrativos típicos de la burocracia.

En la Asamblea de la Asociación, es el presidente de la Unión quien preside la Comisión de Nominaciones, encargada de indicar las autoridades eclesiásticas (presidente, secretario y ecónomo) y sus funcionarios subalternos (departamentales), mientras el secretario y el ecónomo de la Unión presiden otras comisiones. Cada una de esas autoridades somete a votación en la Asamblea las decisiones de sus respectivas comisiones. De este modo, ejercen su influencia en la etapa más significativa del proceso decisorio de la Asociación.

El presidente de la Asociación es nominado en primer lugar, y será siempre un pastor que cuente con el apoyo del presidente de la Unión. Inmediatamente este somete la indicación a la votación de la Asamblea, y convida al presidente recién elegido de la Asociación para participar de la Comisión de Nominaciones. A partir de ese momento, todas las demás nominaciones serán influenciadas también por el nuevo presidente de la Asociación.

En el período entre las asambleas, el proceso decisorio funciona generalmente del siguiente modo: antes de cada reunión de la Comisión Ejecutiva, las autoridades eclesiásticas preparan la agenda. Esta reunión previa permite a las autoridades eclesiásticas seleccionar los temas que serán presentados a la Comisión Ejecutiva, estudiarlos previamente y pensar en soluciones. En la mayoría de los casos, los miembros de la Comisión Ejecutiva no tienen otra alternativa sino pedir informaciones adicionales y aprobar las propuestas hechas por las autoridades eclesiásticas. Como la Comisión Ejecutiva está compuesta —por lo menos en Brasil— principalmente por los funcionarios subalternos, estos se sienten en la obligación de apoyar la voluntad de las autoridades eclesiásticas.

En los E.U.A., la Comisión Ejecutiva de la Asociación está compuesta, en su mayoría, por representantes de las iglesias locales. Los funcionarios tienen, generalmente, uno o más representantes. O sea, prevalece el concepto de representación de las bases. En Brasil, como en casi toda América Latina, ese organismo está formado, en su mayoría, por funcionarios. Las iglesias locales son representadas por uno o dos miembros laicos, generalmente escojidos por las autoridades eclesiásticas. Por lo tanto, prevalece el concepto de representación corporativa (de actividades e instituciones).


Características del Proceso y del Comportamiento Administrativos 

1. Predomina la voluntad de las autoridades eclesiásticas (administradores). Quien observa la práctica, percibe que las autoridades eclesiásticas dan órdenes a sus funcionarios subalternos, y estos a las iglesias locales, sobre qué, cómo, cuándo y cuánto deben hacer.

¿Por qué existe esa hegemonía de la voluntad de las autoridades eclesiásticas?

La explicación, desde el punto de vista de la representación política, ya fue dada hace mucho tiempo por J.J. Rousseau en su libro El Contrato Social. Él distingue “tres voluntades esencialmente diversas” en la persona del magistrado (para aplicarlas a la estructura de la I.A.S.D. basta substituir “magistrado” por “autoridad eclesiástica”). Ellas son: 1) la voluntad propia del magistrado, que busca su propio provecho particular; 2) la voluntad común de los magistrados, también llamada voluntad de cuerpo, que opera únicamente en benefício del gobierno; y 3) la voluntad general del pueblo, o voluntad soberana, que debe ser la única regla para las otras voluntades.

Rousseau entiende que la voluntad soberana (la del pueblo) es la más débil. Después sigue la voluntad del cuerpo. Siendo la más fuerte la voluntad particular. Por eso cada magistrado es primeramente él mismo, después magistrado y, por último, ciudadano o miembro del pueblo. Y de esto se concluye que tal gradación se opone enteramente a la exigida por el orden social del pueblo. Esta crítica a la realidad inmediata, lleva en cuenta los impulsos egoístas de la personalidad humana, los intereses particulares y corporativos que, en nombre del “orden natural”, embisten contra la voluntad colectiva y usurpan la soberanía de la sociedad. (Rousseau, Coleção Os Pensadores, 1978, pág. 80).

De la polarización entre los intereses particulares y los generales, ninguna sociedad u organización está libre. Por lo tanto, no es de extrañar que en la I.A.S.D. prevalezcan la voluntad propia y la voluntad de cuerpo de las autoridades eclesiásticas sobre la voluntad general.

La explicación del punto de vista de la burocracia fue dada por Mauricio Tragtenberg (Burocracia e Ideologia, Ed. Ática, 1980, págs. 186 a 219). Según ese autor, la burocracia surgió en la sociedad humanística liberal como mediación entre los intereses particulares y los generales. Sin embargo, con el pasar del tiempo, y debido a ciertas circunstancias, la burocracia se dedicó a ejercer un poder político de dominación. Defendiendo sus intereses personales y el de los propietarios, los altos funcionarios usurparon el poder de la mayoría e impusieron sus intereses. Por eso, la oferta de igualdad de derechos y oportunidades para todos, hecha por la burocracia, es un idealismo utópico. En el campo político, la burocracia separa la toma de decisiones de la voluntad de los gobernados de la misma forma como el capitalismo separa al capitalista y los administradores de los medios de producción. De ahí que quien ejecuta las órdenes no tiene el derecho de saber por qué lo hace, ni si quiere o no ejecutarlas; únicamente es obligado a cumplirlas.

Para Max Weber, la burocracia es propicia a la hegemonía de los altos funcionarios (en nuestro caso, de las autoridades eclesiásticas). Y esto se debe al ejercicio del poder, por esos funcionarios, en la estructura burocrática. Parafraseando la definición clásica de Max Weber, podemos definir el poder que las autoridades eclesiásticas ejercen en todos los niveles de administración de la I.A.S.D., del siguiente modo: “Es la posibilidad de que una autoridad eclesiástica, o un grupo de autoridades eclesiásticas, realice su voluntad propia en una acción comunitaria de la Iglesia, aun hasta contra la resistencia de otros que participan de la acción”.

2. Alienación y aislamiento. Según Rousseau, la representación política es un poder intermediario introducido entre la autoridad soberana (el pueblo) y el gobierno. La representación política exime a los ciudadanos de participar directamente en el servicio público, y ellos se dedican a sus intereses personales. O sea, la representación política favorece la debilidad y el amor a la comodidad, pues implica un cambio, por parte de los ciudadanos, de su participación directa y personal en el servicio público por dinero. Pasémosle la palabra a Rousseau:

“Desde que el servicio público deja de constituir la actividad principal de los ciudadanos y ellos prefieren servir con su bolsa a servir con su persona, el Estado ya se encuentra próximo de la ruina. Si les fuese preciso combatir, pagarán tropas y se quedarán en casa. Sometidos a la flojera y a la fuerza del dinero, tendrán, por fin, soldados para esclavizar la patria y representantes para venderla.” (Rousseau, Coleção Os Pensadores, pág. 106)

Rousseau señala el efecto más significativo del cambio de los servicios personales por dinero en el sistema representativo: esclavitud. El dinero dado por los ciudadanos financia la dominación de los gobernantes y representantes. Sus expresiones son: “Dad oro, y luego tendréis fierros. La palabra finanza es una palabra de esclavos...”.

La esclavitud ocurre porque la voluntad no puede ser delegada. Si los ciudadanos se rehúsan a ejercer la voluntad soberana mediante la participación directa en el servicio público, y nombran representantes, prevalecerá la voluntad de los representantes y no la de los representados. Y los ciudadanos quedarán bajo el yugo de sus representantes.

En la burocracia, según Max Weber (pág. 238 y siguientes), el factor económico y financiero es un factor de poder. Él señala el desarrollo de una economía monetaria como una de las presuposiciones y causas de la burocracia. Dicha economía da los recursos para mantener funcionando la máquina burocrática — como los sueldos y demás beneficios de las autoridades y de sus funcionarios subalternos. La dominación en la cual está apoyada la burocracia no seria posible sin que ella se apropie de los medios de producción, de una buena parte de los recursos financieros. (Ver Maurício Tragtenberg, Burocracia e Ideologia, capítulo V).

La burocracia adventista domina los miembros de la Iglesia y los aliena del serviço cristiano de esas dos maneras — haciéndolos nominar representantes y apropiándose de los diezmos y de una buena parte de las ofrendas y donativos. Podemos parafrasear los dichos de Rousseau, transcritos anteriormente, para describir la condición de los miembros de la I.A.S.D.: “Desde que el servicio cristiano deja de constituir la actividad principal de los miembros de la Iglesia y ellos prefieren servir con su dinero a servir con su persona, la Iglesia ya se encuentra próxima de la ruina. Si les fuese preciso anunciar el evangelio, pagarán misioneros y se quedarán cuidando de sus propios negocios; si fuese necesario ir al consejo de la Iglesia, nominarán representantes y se quedarán en casa (viendo televisión). Por la tendencia de aislarse, tendrán representantes para dominarlos en la Iglesia”.

Pero es preciso ver también el otro lado de la moneda: cuando el sistema constituye representantes y se apropia de una buena parte de los recursos financieros, le parece demasiado a los miembros que la I.A.S.D. aún exija el servicio cristiano personal y directo. Es así que la organización adventista aliena y aisla los miembros de la Iglesia.

Y de hecho, ya fue constatado que aproximadamente 10% de los miembros de la I.A.S.D. participan del servicio cristiano, a pesar de los esfuerzos constantes por parte de la organización para elaborar planes que los incentiven a participar. En el libro Servicio Cristiano hay vigorosos llamados de Elena G. de White para que los miembros de la I.A.S.D. superen el aislamiento y se dediquen al servicio cristiano. El tercer capítulo de ese libro tiene una cierta sintonía con los motivos de la alienación mencionados por Rousseau.

Una de las causas de la alienación es la siguiente: Cuando se eligen presidentes, secretarios, tesoreros y departamentales y el tamaño de la administración es excesivo, es muy difícil tener una estrategia comunitaria a largo plazo, porque el sistema se politiza por dentro, o sea, los elegidos lo hacen funcionar para atender a sus intereses y para mantener su posición.

El proceso y el comportamiento administrativos de los adventistas genera alienación y aislamiento en dos sentidos: de los miembros con relación a la estructura de la administración y de esta con relación a los miembros. Veamos los aspectos más significativos.

3. Jerarquía. Como sucede en cualquier otra burocracia moderna, la I.A.S.D. distribuye la autoridad de forma jerárquica, con puestos y niveles superiores e inferiores, en los cuales la subordinación obedece al grado de autoridad de la escala jerárquica, basada en áreas fijas de jurisdicción.

Los adventistas llevaron a las últimas consecuencias la administración como trabajo exclusivo. Las autoridades eclesiásticas dedican la mayor parte del tiempo a la administración técnica. Ellas no tienen, como ocurre en otras denominaciones cristianas, sus respectivas iglesias locales para desempeñar ofícios pastorales. Sus actividades administrativas forman un universo separado de las iglesias locales y de la obra evangélica. Y esto se debe al hecho de que las iglesias locales forman el nivel inferior de la organización y son áreas de jurisdicción de los pastores. O sea, existe una separación entre función administrativa y función evangélica. Las autoridades eclesiásticas no participan directamente de la función evangélica y los pastores no participan directamente de la función administrativa (sólo cuando son nominados para ocupar cargos administrativos).

4. Oficinas y centralización. El centro de actividad de las autoridades eclesiásticas y de sus funcionarios subalternos se encuentra en las oficinas, y no en las congregaciones. Las oficinas, como señala Max Weber, son una característica de la burocracia moderna. En el caso de la I.A.S.D., las oficinas no sirven sólo para ser el centro de la actividad administrativa, guardar los archivos de documentos y expedientes, segregar la actividad administrativa como algo distinto de la vida privada de los funcionarios, también sirven para separar los administradores de los que no son administradores. Las oficinas, como sinónimo de conocimiento técnico especializado en administración, son el lugar separado y aislado desde el cual las autoridades eclesiásticas y sus funcionarios subalternos defienden su posición privilegiada. Por ese motivo, los edificios de los organismos administrativos son exclusivamente oficinas, y están separados de iglesias, instituciones y todo lo demás.

5. Secreto. El secreto es una de las características más notables del poder, y que las autoridades eclesiásticas lo llevaron a las últimas consecuencias en el proceso y en el comportamiento administrativos de la I.A.S.D.. Las sesiones pertinentes al proceso decisorio son siempre sesiones secretas. La mayoría de las decisiones tomadas en esas sesiones son conocidas sólo por las autoridades eclesiásticas, y, a veces, por sus funcionarios subalternos, permaneciendo archivadas en secreto. No es costumbre de los organismos administrativos presentar informes financieros periódicos para todos los participantes. Esos informes son conocidos únicamente por los niveles superiores de la administración. Durante la Asamblea, dichos informes son presentados en forma técnica y con pocos detalles. Sólo las autoridades eclesiásticas tienen copias del Libro de Reglamentos, que queda guardado bajo siete llaves para que los “obreros” no conozcan sus derechos y, de ese modo, puedan ser manipulados. La inmensa mayoría de los miembros de las iglesias locales no sabe lo que ocurre en los niveles de la administración de la I.A.S.D..

Para Max Weber (págs. 269 y 272), el secreto es un medio de poder en las burocracias. Él explica cómo el secreto es usado en ese sentido:


“Toda administración burocrática busca aumentar la superioridad de los que son profesionalmente informados, manteniendo secretos su conocimiento e intenciones. La administración burocrática tiende siempre a ser una administración de ‘sesiones secretas’; en la medida en que puede, oculta sus conocimientos y acción de la crítica.”

Aislamiento y secreto son, en el parecer de las autoridades eclesiásticas, los elementos fundamentales de la buena administración. En realidad, son parte de un proceso y de un comportamiento administrativos políticamente convenientes al ejercicio del poder, y que hacen que la administración adventista sea “jesuítica” (secreta). Esta defiende su existencia por el sigilo administrativo, por la ocultación de las decisiones. Y, así, profundiza su modo de ser alienado y alienante.

6. Despotismo administrativo. Este es el aspecto del cual más reclaman obreros y laicos, principalmente. El despotismo administrativo existe porque las autoridades eclesiásticas de la I.A.S.D. tienen como base el antiguo principio de la autoridad indiscutible, esto es, no se pueden cuestionar sus determinaciones, su voluntad. La autoridad indiscutible de los presidentes, de los jefes y de los que mandan preocupan a muchos adventistas, y provoca tensiones entre pastores y laicos, entre iglesias locales y Asociación, entre instituciones y entre niveles de administración.

El despotismo administrativo hace con que la administración sea más autoritaria que comunitaria, más centralizada que compartida. El poder despótico es justificado por la necesidad de mantener la unidad de la I.A.S.D.. Pero —esta es mi opinión— el despotismo administrativo puede producir un efecto contrario y transformarse en el principal peligro para la unidad. La Historia está llena de ejemplos de reacciones, generalmente violentas, en contra el poder despótico de los administradores.

7. Despolitización. Una de las características de los adventistas, principalmente de los que no son administradores, es su aversión por lo político, que generalmente consideran algo malo en sí, un campo en que los cristianos no deben entrar. Muchos confunden política con politiquería o con la lucha entre partidos. Oficialmente, la I.A.S.D. se mantiene alejada de la política pública tanto cuanto sea posible. No tiene ninguna contribución positiva que oriente la acción política y social. No existe la comprensión de que la Iglesia es una institución pública, y que su vida pública está insertada en la política. Aquí uso “política” o “político” tanto en el sentido más amplio, refiriéndose a la vida total de los pueblos como entidad colectiva, cuanto en el sentido más restricto, relacionado con el poder. No uso esos términos en el sentido aún más restricto de “lucha partidaria”.

Tampoco existe la comprensión de que la I.A.S.D. es un grupo político — entre otras cosas, tiene una forma de gobierno, una estructura de administración con base territorial, períodos administrativos definidos y realiza elecciones. Más sorprendente todavía es el hecho de que la mayoría de los miembros laicos no saben precisar cuál es la forma de gobierno de la I.A.S.D. ni describir su estructura.

Cuatro son las causas de la despolitización de los adventistas:

a) Los administradores son los únicos politizados y ellos excluyen los demás participantes del proceso administrativo por el comportamiento que está siendo analizado. Y así, dejan el camino libre para manipular, con considerable autonomía, el cuerpo de creyentes.

b) El mensaje adventista tiene ciertas características que contribuyen para la despolitización: promueve comprometimientos sólo del tipo individual y sólo destaca aspectos individuales de la fe. Las virtudes cristianas son presentadas en forma abstracta — nunca se dice lo que ellas significan aquí y ahora. (Un estudio en ese sentido se encuentra en Edegard Silva Pereira, "Persuasão numa Revista Religiosa", en Simpósio, ASTE, São Paulo, Diciembre de 1982, págs. 116-133). El cuño apocalíptico del mensaje enfatiza que el mundo es malo, está volviéndose cada vez peor y en breve será destruido por Dios. Remite los fieles a un “mundo del otro mundo” que no se sabe cómo es ni dónde está. Los adventistas se encuentran en una condición contradictoria: tienen que vivir en este mundo, pero su fe los aliena de la realidad. No es de extrañarse que muchos se sientan perdidos y encuentren “seguridad” en el aislamiento, en guetos formados, generalmente, en torno de instituciones educacionales adventistas.

c) La teología adventista es una teología clásica, tradicional, marcada por el idealismo y por la incapacidad de percibir los aspectos positivos de los hechos y situaciones sociales. No consigue tratar los problemas políticos a no ser bajo la forma de cuestiones vinculadas con la ética. Pero, la perspectiva ética, por causa de su naturaleza abstracta, conduce necesariamente la reflexión teológica al moralismo. O sea, reduce la teología a un idealismo ético.

d) El principal medio de socialización de los miembros, la Escuela Sabática, está dentro de la línea trazada por los ítems anteriores. El estudio de la Biblia es orientado para que los participantes tengan una comprensión de lo que significa existir como individuo religioso, muchas veces de una comunidad cristiana provinciana, empeñada en trabar su guerra dogmática particular. Lo que se busca es manipular, condicionar, adiestrar los individuos para que consientan con la forma de gobierno eclesiástico y sean obedientes. Pero, ese condicionamiento no sólo aliena al individuo, también empobrece su vida e impide que él sea una persona completa.

8. Propaganda ufana y triunfalista. Un buen ejemplo de ese tipo de propaganda dirigida al medio interno es el artículo de Walter R. Beach "Perigos e Correntes Contrárias à Organização" (Revista Adventista, Julio de 1979, págs. 38-40). Cito dos párrafos:

“El gobierno de la Iglesia Adventista del Séptimo Día fue moldeado según el dechado apostólico. [!] La autoridad final en la iglesia pertenece a los miembros. [!] La responsabilidad ejecutiva o administrativa es delegada a grupos representativos y a oficiales. A través de la voz de los miembros y de la imposición de manos por el ministerio ordenado, una forma representativa de gobierno eclesiástico une los creyentes en iglesias, Asociaciones, Misiones, Uniones en un cuerpo común, la Asociación General, que actualmente opera a través de 12 Divisiones mundiales (incluyendo a China y a Rusia)."

"Bajo la influencia del Espíritu de Profecía [entiéndase Elena G. de White] y en armonía con el patrón de la primitiva Iglesia apostólica [!], nuestros pioneros escogieron un liderazgo colectivo [!] para la organización de la Iglesia en vez de un sistema unitario con el poder y autoridad centralizados en una persona.”

Por todo lo que fue visto hasta aquí en este estudio, sabemos que algunas expresiones de esa cita (las que terminan con la señal de exclamación entre paréntesis) no son verdaderas. La actual forma de gobierno de la I.A.S.D. no tiene nada que ver con el dechado apostólico ni con el patrón de la Iglesia primitiva; la autoridad final no pertenece a los miembros, y sí a las autoridades eclesiásticas; sufrió tantas mutaciones, que está lejos de ser la forma escogida por los pioneros. Verdadera es la afirmación de que el cemento de la I.A.S.D. es su máquina de gobierno, centralizada en la Asociación General, que detenta el poder soberano.

Sería imposible para Walter R. Beach probar que el Nuevo Testamento habla que la autoridad final pertenece a los miembros, que habla en sistema representativo, Asociación, Unión, División y Asociación General... El propagandista no precisa hablar el lenguaje de las Escrituras, basta hacer creer que habla de acuerdo con ellas. Tampoco precisa probar nada. La propaganda requiere que apenas se afirme categóricamente aquello que se defiende.

Según J. A. C. Brown, en su libro Técnicas de Persuasão (Rio de Janeiro, Zahar, 1976) la propaganda funciona así:

“El mecanismo fundamental empleado por todas las formas de propaganda, como vimos, es la sugestión, que puede ser definida como la tentativa de inducir en otros la aceptación de una creencia específica sin dar razones por sí mismas evidentes o lógicas para esa aceptación, ya sea que ellas existan o no.” (Pág. 26).

“El propagandista raramente discute, pero hace afirmaciones osadas en favor de sus tesis. Ya vimos ser la esencia de la propaganda la presentación solamente de un lado de la cuestión, la limitación deliberada del razonamiento y de la indagación libres.” (Pág. 29).

Las publicaciones y las habladurías dirigidas al medio interno sólo se refieren a lo que engrandece la I.A.S.D.. Muestran apenas la cara limpia de la organización. La otra cara sucia queda escondida. La Biblia no hace esa desfiguración de la realidad cuando se refiere a Israel o a la Iglesia primitiva. La propaganda ufana y triunfalista —piensa que es dueña de la verdad, afirma ser la única Iglesia verdadera, la que tiene la mejor organización— hace de la I.A.S.D. una comunidad arrogante y presuntuosa.

La burocracia representativa de la I.A.S.D. actúa de manera no técnica, porque, de un lado, pretende responder a los propósitos cristianos de la Iglesia convidando a todos sus miembros para participar; del otro lado, por el proceso y el comportamiento administrativos que adoptó, los aliena e aísla.


Ventajas y Desventajas

Para Max Weber (págs. 249-251), la superioridad de la organización burocrática sobre cualquier otra forma de organización es puramente técnica. Él señala las siguientes ventajas técnicas de la burocracia:

“Precisión, velocidad, claridad, conocimiento de los archivos, continuidad, discreción, unidad, subordinación rigurosa, reducción del roce y de los costos de material y personal — son llevados al punto óptimo en la administración rigurosamente burocrática, especialmente en su forma monocrática.”


E indica las causas de esas ventajas técnicas: 1) el principio monocrático que elimina el roce, la demora y los compromisos entre intereses y opiniones en conflicto propios de los órganos colegiados; 2) el principio de especialización de las funciones administrativas permite a los funcionarios tener un entrenamiento especializado y aprender cada vez más; y 3) la racionalización expresada mediante “reglas calculables” permite calcular los resultados.

La organización adventista goza parcialmente de las ventajas técnicas de la burocracia, debido a las limitaciones impuestas por el sistema representativo. O sea, no es un tipo puro de burocracia. Otro aspecto limitador se encuentra en las iglesias locales. En estas, con excepción del pastor, todos los demás cargos y funciones son del tipo voluntario, no remunerado. Este tipo de trabajo está menos sujeto a los esquemas administrativos superiores. De ahí ser menos exacto, continuado y unificado. Hay omisiones, demoras y falta de exactitud en la realización de los diversos deberes.

Pero, para que existan esas ventajas técnicas, es preciso pagar muy caro. Ellas son una respuesta de la burocracia a la cultura moderna, cada vez más complicada y especializada, y que exige el perito despersonalizado, rigurosamente objetivo. La administración “racional” elimina los trazos personales y subjetivos. O sea, aproxima el comportamiento de los funcionarios al comportamiento de un robot frío y calculista. Max Weber señala la deshumanización como la principal desventaja de la burocracia:


“...la burocracia es “deshumanizada”, en la medida en que consigue eliminar de los negocios oficiales el amor, el odio, y todos los elementos personales, irracionales y emocionales que huyen al cálculo. Es esa la naturaleza específica de la burocracia, alabada como su virtud especial.”
El alto precio que la organización adventista paga por la eficiencia de su máquina burocrática es la deplorable calidad de la persona humana de las autoridades eclesiásticas y de sus funcionarios subalternos. Son del tipo que se olvida de la importancia de las personas. Se comportan como si la administración eclesiástica fuese un fin en sí, y las personas apenas un medio. Están más interesados en alcanzar objetivos referentes al crecimiento de la I.A.S.D., expresados en algarismos numéricos, que en la formación del carácter. Y hay aquellos que están más preocupados en conquistar cargos, o mantenerse en los cargos que ocupan, que en “pastorear el rebaño”. La lucha por puestos anula algunas virtudes cristianas, y transforma “pastores” en verdaderos animales predatores del rebaño.

La racionalidad del proceso administrativo hace que los funcionarios sean indiferentes a las necesidades, carencias y sentimientos de las personas. El cumplimiento de las normas de la administración los hace actuar con frialdad. ¿Quién es que, siendo miembro de la I.A.S.D., ya no sintió un poco de esa frialdad, de esa indiferencia? O no se preguntó ¿“cómo la administración de la I.A.S.D. vino a parar en ese punto”? O, siendo “obrero” y sintiéndose abrumado por las presiones frecuentemente brutales de las autoridades eclesiásticas, no pensó ¿“cómo puedo conciliar ese comportamiento brutal con la vida cristiana? O no se preguntó ¿“dónde fue a parar el encantamiento en mi trabajo?”

Las presiones de los niveles superiores de administración sobre las bases produjo dos efectos: las iglesias locales fueron organizadas en distritos pastorales, y los pastores fueron transformados en gerentes de esos distritos. Como tales distritos están formados por varias iglesias locales, se volvió imposible que los pastores atendiesen las necesidades de las personas. Los pastores fueron obligados a pensar cada vez más como gerentes que como pastores en el sentido bíblico. La burocratización de la actividad pastoral requiere que los pastores trabajen orientados por la “calculabilidad” de los resultados, de manera despersonalizada y rigurosamente objetiva. Y así, los pastores tuvieron su autoridad aumentada, pues a la autoridad de la Palabra, les fue añadida la autoridad burocrática. Pero, esa es una caricatura de pastor. Con todo, estos efectos negativos de la burocracia no consiguen anular los efectos positivos de la Palabra y de la acción humanizante del Espíritu. Por eso, en la I.A.S.D. existen también personas maravillosas.

La Antiadministración

A pesar de la eficiencia de la burocracia, las inclinaciones egoistas del ser humano —el ego es una fuerza formidable que no debe ser desconsiderada— pueden echarla a perder en ciertas organizaciones. Entre los fenómenos que más preocupan a los especialistas en administración, se encuentra este: en un primer momento, la administración funciona para alcanzar los objetivos de las organizaciones; después, en un segundo momento, la administración actúa más en función de sí misma. Este fenómeno y sus efectos es conocido como antiadministración. Veamos algunas características de ese segundo momento y que son evidentes también en la organización adventista:

-La administración funciona más de acuerdo con los intereses de los administradores que de acuerdo con los objetivos y necesidades de la comunidad.


-Se multiplican los administradores y los organismos administrativos, al punto de haber más de lo que es necesario.


-Los procedimientos se vuelven cada vez más complejos debido a la acción controladora de los administradores.


-La administración se vuelve exageradamente grande y muy cara. Se gasta más tiempo, dinero y energía en mantener la gigantezca máquina administrativa que en alcanzar los objetivos comunitarios.


-Los cargos son distribuidos de acuerdo con los intereses personales de los administradores. Nominan como funcionarios no tanto las personas más competentes y calificadas, sino las más subsirvientes. A su vez, los funcionarios incompetentes nominan auxiliares más incompetentes que ellos, para no tener que cederles el cargo más tarde. Es así que se promueve la incompetencia en las grandes organizaciones.


-La acción administrativa se orienta por la conquista y la manutención del poder. Hay una deterioración del ambiente interno, provocada por la lucha por la conquista de los puestos. Las relaciones entre colegas es marcada por envidia, celos, intriga, discordia y persecuciones internas.


-Los administradores transforman el “poder de función” en “poder de explotación”. Cuidan de establecer crecientes privilegios exclusivos para sí mismos, que cuestam mucho dinero. Surgen los administradores que viajan mucho y trabajan poco.

La antiadministración ya llevó grandes corporaciones a la quiebra y hace con que Estados pasen por agudas crisis. Abra el diario de hoy y verá que en este momento empresas aparentemente sólidas están quebrando y Estados están con su economía en situación crítica. En la I.A.S.D., los efectos destructivos de la antiadministración son más visibles en la mala índole de algunos administradores, no tanto como bancarrota o crisis financiera.

La antiadministración acurre, según Max Weber (págs. 31, 260 y siguientes), porque la burocracia tiene una tendencia hacia la formación y el mantenimiento de una casta autoritaria e irremovible de mandarines, distanciada de las personas comunes que no tienen entrenamiento especializado, diplomas o cargos administrativos. La casta de mandarines se defiende adoptando el sistema de despojos (distribuyen los cargos y favores a personas que les dan apoyo irrestricto, independiente de sus habilitaciones o méritos para ocupar tales cargos). El resultado es lo opuesto de lo esperado: limitación de las oportunidades, aumento de las irregularidades y falta de eficiencia técnica.


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